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Té italiano, oro verde

A lo largo de la historia se han llevado a cabo numerosos intentos por cultivar té italiano. Pavía con sus “camelias antiguas” realizó el primer paso, con una prueba de cultivo al interno del jardín botánico. Desafortunadamente no se produjo ningún té verde “Camelia Thea Ticinensis”, y el tiempo pasó inexorablemente hasta llegar a los años 70 del 1900. Un periodo en el que los italianos se enamoraron del té frío.

El ritual de este elixir en el Belpaese se descubrió después de Holanda e Inglaterra (cuyas compañías transportaban las hojas llenando las bodegas, con una finalidad comercial). A finales del siglo XVII, no tardaron en presentarse los estimadores de sus intrínsecos y peculiares beneficios físicos y “sociales” (ya que invita a conversar y a conocer personas). La tradición el té italiano frío es reciente, pero muy importante: con casi cinco décadas, el consumo de esta bebida fresca es líder en el caluroso verano.

En los albores del milenio comienza un nuevo intento en S. Andrea di Compito (Provincia de Lucca). Han sido plantados un total de 1400 arbustos al lado del Rio Visona, capaces de producir 5 kg al año de té negro, verde y semifermentado italiano con un sabor único e irresistible.

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